Hoy tengo el placer de hablar de la novela que ha publicado este año uno de los seguidores del blog, Javier Quevedo Puchal. En 2008 hizo su debut novelístico con El tercer deseo con muy buenas críticas y parece que tiene preparada una colección de relatos góticos que imagino saldrán próximamente.Todas las maldiciones del mundo narra un sugestivo viaje interior hacia un sur imaginario que el protagonista no sabe qué le deparará. Ese sur es también meta para otros personajes de la novela, que recorren el camino a su manera y se encuentran en un limbo a medio camino entre lo que son y lo que recuerdan ser; están en un motel de paso como los personajes de la película Lost in translation.
Se menciona en la narración un eclipse que aparte de fenómeno astronómico también opera como metáfora de ese estado oscuro transitorio. Tal vez por ello también esperan que acaben las tinieblas y, aunque crean que van en busca de un imposible, no quieren desistir y luchan para conseguirlo, como el personaje de Todo sobre mi madre que va tras el corazón de su hijo (qué cinéfilo me he puesto). No me extenderé más en la temática como suele ser habitual en mis críticas ya que como lector tampoco me gusta que destripen las obras, así que estos retazos abstractos han de servir solo para abrir boca (así ha de ser una crítica bajo mi punto de vista y para resúmenes ya están los de la contracubierta del libro y los que la copian en internet).
Formalmente me parece acertada la elección de capítulos muy cortos para acrecentar más esa sensación de provisionalidad incierta, de que todo puede acabar en cualquier momento. Además, el estado onírico en el que se encuentra el protagonista también nos lleva a esos momentos inconexos de que están formados los sueños. El lector irá descubriendo la verdad poco a poco como cuando se despierta y trata de recomponer esos recuerdos. El que ese estado sea producto de su voluntad pero también de las drogas me ha hecho pensar mientras leía la novela en una reciente película que se pasó en el Festival de Sitges, Enter de void, por una gran similitud de ambiente pesadillesco y de futuro distópico. Ese escenario elgido: intemporal, aséptico y tal vez falso también nos transporta al mundo de Matrix y refuerza esa visión de incertidumbre que planea sobre la obra.
La tristeza, la soledad y el olvido son los conceptos con los que nos quedamos tras leer esta pequeña gran obra y con ello cerramos el círculo esperando que salga el sol tras el eclipse. Si queréis leer lo que opina Javier Quevedo sobre lo divino y lo humano os podéis pasar por su blog (que no os asuste el título) La invasión de las ultracerdas.
Nota para Javier: La foto la he tomado de internet, no creo que te moleste pero si es así la quito en los próximos días. Me he tomado un poco de tiempo para hacer una modesta crítica personal y no repetir lo que casi todas las páginas ponen en internet, que no es sino la transcripción de esa contracubierta del libro que ya te sabrás de memoria y que empieza: "¿Qué harías si te ofrecieran la posibilidad de borrar tu pasado?..."
















































