miércoles, 15 de abril de 2009

Aniversario de la muerte de Jean Genet

Volvemos después de nuestro silencio de Semana Santa a lo grande, con uno de los personajes más carismáticos de la literatura para el público homosexual y con uno de los mejores dramaturgos del siglo XX. Murió un 15 de abril como hoy de 1986 tras una vida turbulenta de joven y algo más calmada de mayor. Pasó mucho tiempo en un reformatorio tras robar dinero a su madre adoptiva. Su escape fue alistarse en la legión para poder desertar a continuación y así vagar por Europa. Lo hizo por Francia y España, donde fue carterista, como refleja en su famosa obra "Diario de un ladrón", e incluso ejerció la prostitución. Según sus propias palabras, tras ser hijo ilegítimo y ciudadano ilegítimo (por sus pasos por reformatorios y cárceles) la homosexualidad era un estado necesario dentro de lo que consideraba su "rebeldía social". Pero la homosexualidad no era solo un estado de rebeldía como demuestra el hecho de que intentara suicidarse tras la muerte de su amante Abdallah Bentaga, un funambulista hijo de madre argelina y padre alemán, con el que compartió varios años y del que existe una foto que reproducimos abajo junto a Genet en una mesa. Los hombres magrebíes le atrayeron enormemente y posteriormente también tuvo una relación con un marroquí que conoció en tánger, Mohammed El-Katrani, del que también existe una foto que reproducimos abajo en un primer plano. Pasó sus ultimos años comprometido con diversas causas que implicaban situaciones discriminatorias a marginados aunque casi ninguna relacionada con reivindicaciones homosexuales. Por ejemplo viajó a Estados Unidos para unirse a distintas protestas de los Panteras Negras cuando ya era una celebridad y se implicó muchísimo en el mundo árabe (no solo por sus relaciones). Es famoso su escrito "Cuatro horas en Chatila" fruto de su viaje a Beirut, en Líbano, donde fue el primer occidental testigo de la masacre de palestinos en 1982 en un campo de refugiados. Esa vinculación queda patente con su deseo de ser enterrado en una población costera marroquí, Larache, donde ahora descansa mirando al mar.