lunes, 28 de diciembre de 2009

Ernesto (1953) de Umberto Saba

Esta pequeña novelita del poeta Umberto Saba ha sido una de las agradables sorpresas para mí en los últimos días del año. Conocía la película que años más tarde rodó Salvatore Samperi pero no así la obra en que se basaba. No ha sido muy publicitada pero creo que se trata de una de las grandes italianas del siglo XX. Saba pertenece aproximadamente a la generación de Montale y Ungaretti y se le tenía bastante aprecio por allí. Cayó un poco en desgracia en los años de la Segunda Guerra Mundial por ser judío y tuvo que cambiar varias veces de residencia. Todo ese movimiento y algún que otro problema de salud le impidió tener el tiempo necesario para terminar Ernesto. Esta obra queda así inacabada pero puede leerse perfectamente como una obra coherente e incluso me atrevería decir que muy redonda sin necesidad de más desarrollo. Como siempre, dejamos que el lector se adentre por sí mismo en las obras y por tanto apenas apuntamos que la novela trata de un adolescente que descubre la homosexualidad en su trabajo, observando a los cargadores sudorosos. Parte de esa no excesiva publicidad del texto pueda residir en ese tema tan directamente contado para la época (recordemos: 1953) e incluso por ser una relación de un joven con un señor más mayor. Además de ello suele ir acompañada de la a veces molesta etiqueta de novela erótica. No estoy de acuerdo ya que se trata de una de las narraciones más poéticas que he leído. Como ejemplo de esa erotización podemos ver en esta entrada la cubierta de una de las últimas ediciones que se ha hecho por aquí, la de abajo con ese cuerpo desnudo que, insisto, no le hace justicia. La traducción ha sido también un impedimento para popularizarla más ya que mezcla el idioma italiano más normativo con el dialecto de la ciudad de Trieste (donde ocurre la acción) e incluso la jerga popular de los trabajadores de allí y hay que decir que en la misma Italia se hizo un poco dura de comprender. Esa característica idiomática que se le reprochó tal vez haga más hipnótica y bella esta novela aunque nosotros no podemos disfrutarla de igual modo en esas traducciones. La versión catalana que he podido leer lo ha solucionado inventando más o menos un dialecto en el que ciertas palabras eran sustituidas por variantes del idioma (algún giro o uso más propio del mallorquín o de otros dialectos) para distinguir el habla de los personajes. Desconozco la castellana pero seguramente habrá sido también difícil tomar la decisión de cómo mostrar esa diferencia. Me acuerdo de la "chapuza" de una de las versiones que corren de la película My Fair Lady en la que se hace hablar a Audrey Hepburn como en andaluz para demostrar que antes de su conversión en gran dama era vulgar y paleta. Debió de sentar como un tiro a los andaluces lógicamente. Si ya de por sí se trata de una gran obra del siglo XX como he dicho antes, no hay que insistir mucho en que es una de las imprescindibles dentro de la temática gay. Recomendable no, recomendabilísima.